En los últimos años, se ha empezado a hablar —por fin— de bienestar digital en empresas. Se lanzan formaciones, se redactan políticas, se envían recordatorios sobre la desconexión. Sin embargo, los resultados no siempre acompañan. No porque falte voluntad, sino porque a menudo se actúa sin un diagnóstico previo claro. Sin saber desde dónde se parte, es difícil saber qué priorizar, qué corregir o qué consolidar. Este artículo aborda una pregunta clave para RRHH y dirección: ¿cómo saber el nivel real de madurez en bienestar digital de tu organización antes de poner en marcha nuevas acciones?
Cuando el bienestar digital se aborda “a ciegas”
En muchas empresas, el bienestar digital ha entrado en la agenda empujado por varios factores: el aumento del cansancio mental, la hiperconexión normalizada, la presión normativa o la dificultad para sostener el compromiso de los equipos.
La reacción suele ser bienintencionada: “hay que hacer algo”.
Y entonces aparecen acciones sueltas: una charla puntual sobre gestión del correo, una política de desconexión que apenas se aplica, una campaña interna recordando que “no hace falta contestar fuera de horario” o alguna formación aislada para managers.
Todo esto puede tener valor, sí. Pero el problema es otro: no saber si eso es lo que realmente necesita la organización en este momento.
Actuar sin diagnóstico previo en bienestar digital es como intentar mejorar la salud de un equipo sin saber si el problema principal es el sueño, la carga de trabajo, la cultura de urgencia o la falta de límites claros.
El error no es la falta de compromiso (suele ser la falta de visión)
Conviene decirlo con claridad:
la mayoría de empresas que fracasan en sus iniciativas de bienestar digital no lo hacen por desinterés.
Al contrario: RR. HH. está preocupado por el desgaste, dirección quiere evitar bajas y rotación y muchos managers saben que algo no funciona, aunque no siempre sepan ponerle nombre.
El bloqueo aparece cuando no existe una visión estructurada del punto de partida.
Sin esa visión, todo se mezcla: síntomas con causas, hábitos individuales con problemas culturales, herramientas tecnológicas con dinámicas de liderazgo.
Y entonces llegan las dudas razonables:
- ¿Estamos ante un problema de uso de herramientas o de expectativas?
- ¿Es un tema de personas o de procesos?
- ¿Tiene sentido formar ahora o antes hay que ordenar criterios?
- ¿Estamos avanzando… o solo reaccionando?
Qué significa realmente “madurez en bienestar digital”
Hablar de madurez no es hablar de perfección ni de empresas ideales.
Es hablar de grado de consciencia, coherencia y gestión de la relación entre personas, tecnología y trabajo.
Una organización madura en bienestar digital entiende cómo se trabaja digitalmente en la práctica (no solo en los documentos), identifica riesgos reales de sobrecarga y fricción, tiene criterios compartidos sobre uso de herramientas, tiempos y expectativas, acompaña a managers y equipos de forma coherente y revisa y ajusta, en lugar de improvisar constantemente.
La madurez no es binaria, es un proceso gradual, con distintos niveles y prioridades según el contexto.
Por eso, sin un marco claro, es fácil pedirle a una empresa que haga “más” cuando en realidad necesita hacer mejor y en orden.
Señales de que tu organización está actuando sin diagnóstico
Muchas empresas se reconocen en alguna de estas situaciones:
- Se lanzan iniciativas de bienestar digital, pero el impacto es limitado o desigual.
- RRHH percibe cansancio, pero no tiene datos claros sobre dónde se genera.
- Los managers reciben mensajes contradictorios: productividad, urgencia y cuidado a la vez.
- Hay normas, pero nadie sabe bien cómo aplicarlas en el día a día.
- Se habla de desconexión digital, pero la cultura de disponibilidad sigue intacta.
Estas señales no indican mala gestión.
Indican falta de una foto clara del nivel de madurez actual.
Por qué el diagnóstico cambia la conversación
Cuando una organización se detiene a evaluar su madurez en bienestar digital, ocurre algo importante:
la conversación deja de ser emocional o reactiva y pasa a ser estratégica.
Un buen diagnóstico permite:
- priorizar (no todo es igual de urgente),
- ajustar expectativas (no todo se resuelve con formación),
- diferenciar entre quick wins y cambios culturales,
- tomar decisiones con criterio, no por moda.
Además, aporta algo clave para RRHH: lenguaje común con dirección y managers.
Ya no se habla solo de sensaciones, sino de niveles, ámbitos y focos concretos de mejora.
El Test de madurez en bienestar digital ESFERA: un primer paso con criterio
Con esta necesidad en mente nace el Test de Madurez en Bienestar Digital ESFERA, desarrollado por Miriam Urbanocomo herramienta de diagnóstico inicial para organizaciones.
No es un test para “ponerse nota” ni para señalar fallos.
Es una herramienta pensada para:
- obtener una visión estructurada del punto de partida,
- identificar fortalezas y áreas de riesgo,
- abrir conversaciones internas más claras y útiles,
- ayudar a RRHH y dirección a decidir por dónde empezar.
El enfoque ESFERA analiza el bienestar digital desde una perspectiva integral, teniendo en cuenta:
- cultura y liderazgo,
- hábitos digitales reales,
- gestión del tiempo y la atención,
- criterios organizativos,
- coherencia entre discurso y práctica.
Todo ello con un lenguaje comprensible y aplicable al contexto de empresas en España.
De hacer “cosas” a tomar decisiones informadas
El bienestar digital no mejora por acumulación de acciones, sino por alineación.
Alineación entre lo que se dice, lo que se espera y lo que realmente ocurre en el día a día.
Un diagnóstico no resuelve el problema por sí solo, pero evita algo muy común:
invertir tiempo, energía y recursos en iniciativas que no atacan la raíz.
Antes de preguntarte “¿qué más podemos hacer?”, quizá la pregunta sea otra:
“¿sabemos realmente dónde estamos?”
Si en tu organización el bienestar digital está sobre la mesa, pero no tienes claro por dónde empezar ni qué priorizar, merece la pena detenerse un momento.
El Test de madurez en bienestar digital ESFERA puede ayudarte a obtener esa primera visión estructurada que permita tomar decisiones con más calma y criterio, sin improvisar.
